12.1.- Introducción

Las actividades humanas, en una gran parte, están contribuyendo a la degradación y ruina de nuestro planeta. Sirvan como ejemplo los desastres ecológicos originados por la guerra del Golfo Pérsico cuando fueron arrojadas a la atmósfera cantidades enormes de hollín, producto de la combustión del petróleo, o los accidentes ocurridos con demasiada frecuencia de los petroleros, o el constante incremento de la “polución" debido a los automóviles, fábricas etc.. En ocasiones el deterioro del medio ambiente e incluso la destrucción de la vida ha sido una amenaza que los humanos "asumimos" con cierta preocupación.

Los últimos 20 años han sido catastróficos para el planeta, ya que la desforestación, la desertización y el envenenamiento de la atmósfera están comprometiendo irreversiblemente la habitabilidad de nuestro ecosistema llamado Tierra.

Para poder conseguir un cierto grado de bienestar, se impone un cambio de rumbo en cuanto al modo de entender y llevar a cabo el progreso, desterrando la idea de que hay un nexo ineludible entre desarrollo y contaminación. Todo desarrollo a costa de la Naturaleza, no es más que un empobrecimiento para el futuro.

Hoy se sabe que la causa de muchas sequías es la desforestación de amplias zonas, que las selvas tropicales son necesarias para el equilibrio climático mundial y que los vertidos de gases a la atmósfera son responsables de que los años más calurosos del siglo pertenezcan a la década de los ochenta. Por todo ello es muy importante despertar la conciencia de los ciudadanos sobre la urgencia de solucionar el problema medioambiental, ya que los últimos cambios producidos pueden considerarse como un indicador de la capacidad humana para alterar la estructura y el funcionamiento del ecosistema en muy poco tiempo.

Hay que actuar de modo que las perturbaciones producidas no supongan un riesgo ni para los equilibrios parciales de los sistemas ni para el conjunto. Se deben buscar soluciones alternativas con una filosofía que a nuestro entender debe estar basada en la combinación del crecimiento económico y el respeto al medio ambiente. El hecho de que, en los últimos años, Europa haya logrado reducir el crecimiento de sus emisiones a la atmósfera sin por ello disminuir el ritmo de desarrollo, nos demuestra que la propuesta no es utópica.

Desde este punto de vista, la Química es presentada, con demasiada frecuencia, como "el malo de la película" en cuanto a la degradación del medio ambiente. A lo largo del siglo XX, los procesos químicos han dado a la humanidad el nivel y calidad de vida actual, pero, también es cierto, que esos mismos productos, obtenidos en grandes cantidades y sin ningún tipo de control, han causado grandes daños medioambientales.

Para combatir las amenazas a las que está sometido el medio ambiente es necesario conocer la magnitud del problema existente y estar convencidos de que la ciencia y la tecnología, aplicadas con inteligencia, serán capaces de responder al mayor desafío que nos podamos plantear: recuperar lo perdido.

La Química del medio ambiente no es una materia nueva. Ya en 1970 había muchos investigadores tratando de resolver, al menos en parte, el problema. En la actualidad, cualquier profesional que en su formación sea ecológicamente analfabeto puede constituir una especie peligrosa que debe ser extinguida.

En definitiva, es necesario conocer la fascinación de la química y su capacidad para abordar y resolver los problemas relacionados con el medio ambiente. Y eso es lo que trataremos de conseguir en este tema.